SAN JUAN DE DIOS
8 de marzo
1550 d.C.



   Se llamaba Juan Ciudad Duarte. Nació en Montemor-o-Novo, junto a Évora en Portugal, en el seno de una familia humilde. Pasó a Oropesa (Toledo) donde vivió con un sacerdote, donde fue acogido por una familia en cuya casa trabajó como pastor. Pudo casarse con la hija de los amos de aquella casa, pero pensó que no podía atarse a una mujer por rica que fuese. Se alistó como soldado en un tercio que debía ir a Francia. Asistió a la batalla de Fuenterrabía en el 1521. Aunque triunfó su tercio él estuvo apunto de ser ahorcado por no haber sabido guardar un depósito militar. Volvió a Oropesa. Cuatro años después se alistó en otro tercio para luchar contra los turcos en Austria y Hungría. Peregrinó a Santiago de Compostela. Regresó a su pueblo portugués pero sus padres ya habían muerto.

   En Ayamonte atendió a los enfermos en el hospital. Trabajó como pastor una temporada en un cortijo de Sevilla y después en la fortificación de Ceuta como albañil, para ayudar a una familia necesitada. Finalmente fue vendedor de libros piadosos y estampas desde Gibraltar y Algeciras hasta Granada. 

   En una misión dada por san Juan de Ávila en 1538, se transformó su vida hasta saber vivir la locura de la cruz, y cargar sobre sus hombros a todo enfermo como a Cristo; de tal manera que le encerraron en el manicomio de Granada. Granada será su triunfo, porque en este manicomio comprendió cual era su misión: atender al enfermo con gran amor y eficiencia. San Juan de Ávila fue su director espiritual y lo encaminó al monasterio de Guadalupe, para pedir la protección de María en la obra que había concebido de crear un hospital para los enfermos. Ganándose su dinero con la venta de leña, alquiló una casa para cuidar a los enfermos y desposeídos. Fundó en 1537 la Orden de los Hermanos Hospitalarios o Hermanos de la Misericordia (hoy Orden Hospitalaria de San Juan de Dios). Sus primeros colaboradores los reclutó entre la gente más desarrapada: un alcahuete, un asesino, un espía y un usurero. Esa era la fuerza del amor. Un converso que sacó del fango a cuatro truhanes y los hace héroes cristianos. Sobre estas cuatro columnas apoyaré su obra.

   Recogió a los primeros enfermos; los acogió, los curó, los limpió, los consoló, les dio de comer. El obispo de Granada, otros autores dicen que fue el obispo de Tuy quien lo motejó “Juan de Dios” a causa de su caridad. Todo era limpieza, orden y paz en la casa. Por la noche mendigaba por la ciudad para los enfermos. Todos le abrirén, todos le ayudaron. Esta ayuda se hacía por medio de cuestación, haciéndose célebre esta frase "haced el bien hermanos, y con ello os haréis bien a vosotros mismos si dais en caridad". En un incendio de su hospital de Granada, salvó a sus enfermos; sacándoles intactos de aquel fuego que no se podía comparar con el de su caridad. 

   Agotado después de 10 años de duro servicio en su hospital cayó enfermo. Al principio ocultó su enfermedad que podría haberlo obligado a disminuir su trabajo cuando estaba revisando cuidadosamente el inventario del hospital. Al aumentar la enfermedad, la noticia se propagó. La señora Ana Osorio hizo que lo trasladaran a su casa. Finalmente dio la bendición a la ciudad estando ya agonizante. El arzobispo dijo misa en su habitación. El santo expiró sobre sus rodillas, delante del altar. 


   Fue canonizado por Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690. En 1886, el Papa León XIII le declaró patrón de todos los hospitales y enfermos, junto con san Camilo de Lelis. En 1930, el Papa Pío XI nombró también patronos a otros santos enfermeros y enfermeras.

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(Parroquia San Martín de Porres)