BEATO PABLO DE BARLETTA
12 de febrero
1580 d.C.



   Nació en Barletta (Italia). Ingresó muy joven en los agustinos y poco a poco creció en él el deseo de vivir una mayor perfección, tanta de alejarse de su patria para “ir donde ninguno lo conociera personalmente, sino solamente Dios”. Obtuvo licencia para trasladarse a la Provincia portuguesa de la Orden ya que en ella se vivía el voto de la Observancia. 

   Era de carácter jovial pero particularmente dedicado a la oración y penitencia, vivió intensamente el Misterio de la Pasión y muerte de Jesús. Fue enviado como misionero a la isla de San Thomé, en las Indias Orientales, donde trabajó incansablemente por la difusión del Evangelio. Pero, a pesar de la estima que se creó entorno a su persona, no faltaron, a causa de malos entendidos, por parte del Prior del convento persecuciones que supo aceptar con paciencia y alegría evangélicas. Probada su inocencia, para rehabilitar su nombre, el mismo Prior escribió varias cartas de alabanza en la que resaltaba su gran virtud y paciencia.

   Aceptó con resignación su última enfermedad, que vivió como una purificación. Sabiendo que se acercaba la hora de su muerte se preparó con serenidad y alegría para el encuentro con el Señor. Les dio la noticia a su superior y cohermanos, pidiéndoles que le ayudaran a celebrar aquel momento importante de su vida.

   Después de su muerte su fama de santidad creció entre los cristianos de San Thomé, pero también dejó un signo indeleble en la memoria de Barletta, que le dieron el título de beato, y su ciudad natal lo recuerda litúrgicamente.

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(Pbro. José Manuel Silva Moreno)