BEATO JUAN BAUTISTA MACHADO DE TAVORA
22 de mayo
1617 d.C.



   Juan Bautista Machado de Tavora (1580 - 1617). Nació en Angra en la isla Terceira de las Azores en 1570, en el seno de una familia pudiente. En 1597 ingresó en los jesuitas en Coimbra. Estudió Teología en Goa y en Macao donde aprendió el japonés. En el 1609 fue enviado a la misión japonesa; obtuvo permiso de sus superiores para permanecer secretamente en aquel territorio, después del decreto de expulsión de los misioneros de 1614. Tuvo como catequista al beato León Tanaca. Cuando llegó la persecución le confiaron la isla de Goto y para allí partió con su catequista, pero a causa de un temporal la nave no pudo llegar a la isla y tuvieron que volver a Firando. Los cristianos los recibieron con gran alegría, después de unos días le llegó el aviso que su presencia había sido descubierta, por lo que debía de desistir de su viaje a Goto y volver a Nagasaki o irse a otra parte. Pero Juan Bautista insistió en ir a Goto, a donde llegaron en 1617, pero una delación fue arrestado y encarcelado con su catequista León, y en la cárcel encontraron al beato fray Pedro de la Asunción. Tuvieron el consuelo de poder celebrar misa y confortarse mutuamente. 

   Los dos sacerdotes estuvieron juntos en la prisión por más de un mes, del 20 de abril al 22 de mayo, en penitencia, oración, y conversaciones espirituales. Manifestó que moría contentísimo porque daba su vida en testimonio de la fe: «Esta es la gracia que he pedido a Dios en estos últimos nueve días, celebrando la santa Misa».


   El 21 de mayo, el Señor le reveló a fray Pedro, mientras celebraba la misa, que aquella sería la última misa que celebraría. Los dos mártires cantaron el «Te Deum» para agradecer al Señor una gracia tan grande, se confesaron uno a otro entre lágrimas, y pasaron la noche en oración. Hacia el atardecer se les ordenó que se pusieran en camino hacia el lugar del suplicio. El Padre Pedro tenía en la mano un crucifijo, a los pies del cual tenía puesta la regla de San Francisco. Durante el viaje cantaban las Letanías de la Virgen; luego, al encontrarse con los cristianos, los exhortaban a la perseverancia. Al llegar al lugar del suplicio, el beato Pedro pidió que se le permitiera hablar a la gente que asistía a su muerte. Luego los dos mártires se abrazaron y se arrodillaron, con las manos juntas y los ojos mirando al cielo esperaron el momento supremo cuando el verdugo les cortó la cabeza. Era el 22 de mayo de 1617. Son los primeros mártires de la segunda gran persecución japonesa. Fueron beatificados por SS Pío IX el 7 de julio de 1867.

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(Parroquia San Martín de Porres)