BEATO FRANCISCO PALAU Y QUER
20 de marzo
1872 d.C.



   Nació en Aitona (Lérida) en el seno de una familia humilde y campesina, que comulgaba con el carlismo. Estudió en el seminario de Lérida durante tres años e improvisadamente, sin que se sepan las causas ingresó como carmelita descalzo en el convento de San José de Barcelona en 1832 e hizo los votos en 1833. Se encontraba en Barcelona, cuando fue asaltado el convento en 1835 por las turbas revolucionarias y anticlericales. Junto con otros carmelitas logró huir. Mendizabal ordenaba la exclaustración de todos los religiosos de España (1836), en este clima regresó a su tierra donde fue ordenado sacerdote en Barbastro en 1836, pasando a la jurisdicción del obispo como sacerdote secular dedicado principalmente a la oración en el lugar conocida como “Cueva del padre Palau” en Aitona. Nunca volvió a pisar un claustro carmelita.

   Para huir de la persecución emigró, junto a su hermano Juan, a Francia (1840-1851) difundiendo la devoción mariana e iniciando experiencias religiosas de corte carmelitana en Perpignan y Montauban; fue tenido por santo por el pueblo sencillo, pero fue catalogado como “personaje extraño” por una parte del clero, lo que le hizo imposible su permanencia en tierras galas, acusándole de que su vida “ermitaña” contradecía su condición sacerdotal, por su pobreza y la cantidad de personas que querían imitar su “estilo de vida”. 
Regresó a Barcelona en 1851, y desempeñó el cargo de director espiritual del seminario diocesano y fundó, por encargo del obispo Costa y Borrás, la Escuela de la Virtud, que sería como un centro de educación y catequesis de adultos. Fue desterrado a Ibiza acusado de haber promovido desde la Escuela de la Virtud las huelgas obreras de marzo de 1854; trasladó la imagen de la Virgen de las Virtudes a Ibiza, e hizo un oratorio que hoy en día es el santuario de peregrinación mariana de la isla, aquí estuvo hasta 1860. 
Reconocida su inocencia, se entregó con entusiasmo al servicio de la Iglesia en varios campos. En un primer momento concentró sus energías en la predicación del Evangelio primero en las grandes ciudades como: Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca. Estando en Ciudadela, Menorca, recibió una especial iluminación que le transformó espiritualmente. Tuvo un gran amor a la Iglesia: "Mi misión se reduce a anunciar a todos los pueblos, que tú, Iglesia, eres infinitamente hermosa y amable, y predicarles que te amen"; "vivir cristianamente es vivir eclesialmente". 

   Completó la actividad de predicador con la dirección de misiones populares, especialmente en las diócesis de Barcelona e Ibiza (1863-1865), donde consiguió grandes éxitos y duradera promoción humana y social, como la ayuda asistencial a los enfermos marginados de la sociedad a los que se les consideraba posesos o energúmenos. En 1866 realizó un viaje a Roma para exponer al papa beato Pío IX sus preocupaciones por el exorcistado. Durante su estancia en Roma, recibió de los superiores del Carmelo Descalzo, el título de director de los Terciarios de la Orden en España. Fundó las Carmelitas Misioneras Teresianas y las Carmelitas Misioneras. Fundó y dirigió en Barcelona el semanario religioso "El Ermitaño" (1868). Volvió a Roma, con motivo del Concilio Vaticano I, para ponerse en contacto con los padres conciliares y exponerles sus ideas sobre el exorcistado e informar a los lectores sobre las tareas del Concilio. Hizo prácticas de exorcismo, y por ello, se le acusó falsamente de embaucador, y su obispo le prohibió que siguiera con esta idea, no sin resistencia interior, obedeció a su obispo. A su muerte fue rehabilitado por la Santa Sede. Escribió "Mis relaciones con la Hija de Dios la Iglesia" y las "Cartas"; "Lucha del alma con Dios". Murió en Tarragona y su cuerpo está enterrado en la casa madre de las Carmelitas Misioneras Teresianas de Tarragona. El 24 de abril de 1988 fue beatificado por San Juan Pablo II.

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(Parroquia San Martín de Porres)